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Salud prenatal, ácido fólico y la mujer detrás del descubrimiento

22 de mayo de 2018

Cómo el descubrimiento de una mujer condujo a la prevención de infinidad de defectos congénitos en todo el mundo.

En la primera de nuestras series donde exploramos las contribuciones poco conocidas de mujeres científicas a la salud mundial, hablaremos de Lucy Wills, cuyo trabajo pionero sobre el ácido fólico cambió la forma en que comprendemos la importancia de la nutrición durante el embarazo.

Los defectos del tubo neural se encuentran entre los defectos congénitos más graves y comunes. Son la principal causa de muerte y discapacidad de por vida, que afecta a más de 300 000 nacimientos cada año en el mundo.

Estos defectos se producen durante las primeras semanas de embarazo, cuando se desarrolla y se cierra el tubo neural, a partir del cual se forman el cerebro y la médula espinal. Cuando el tubo no se cierra por completo se desarrolla un defecto, como la espina bífida (un defecto de la médula espinal o de las vértebras).

Hoy sabemos que el nivel de folato (vitamina B9) de una mujer juega un papel crucial en la formación del tubo neural. Esta es una de las principales razones por las cuales el ácido fólico (una forma sintética del folato) es recomendado por la OMS como suplemento para las mujeres embarazadas.

El descubrimiento y el uso del folato han tenido, por ende, una función importantísima a la hora de prevenir infinidad de defectos congénitos debilitantes e incluso mortales. Y se lo debemos a una intrépida científica que fue la pionera.

De Cambridge a Ciudad del Cabo

Nacida en Inglaterra en 1888, los primeros años de la vida de Lucy Wills estuvieron teñidos de tragedia. A dos años de obtener un título en Botánica y Geología en la Universidad de Cambridge en 1911, perdió a su padre (con quien tenía mucha afinidad) y a su hermana mayor, Edith, quien tenía solo 27 años cuando murió.

Es probable que estas tragedias le sirvieran a Wills de disparador para toda una vida de viajes. Después de viajar a Sri Lanka con su madre, Lucy se mudó a Sudáfrica con su hermano en 1914. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en julio de ese año, ella trabajó como enfermera voluntaria en Ciudad del Cabo, en lo que sería el comienzo de una carrera en medicina.

Al regresar a Londres en 1915, Wills asistió a la Escuela de Medicina de Londres para Mujeres (London School of Medicine for Women), la primera facultad de Medicina en Gran Bretaña que formaba médicas mujeres. En 1920, obtuvo el título en Medicina e ingresó al Departamento de Patología Química de la facultad, donde investigó los mecanismos bioquímicos del cuerpo vinculados con las enfermedades. Fue allí donde, en los años siguientes, Wills desarrolló un interés particular por la hematología: el estudio y el tratamiento de la sangre.

El descubrimiento en Bombay

En 1928, Wills viajó a India para ayudar a investigar una forma particularmente grave y potencialmente mortal de anemia en el embarazo que se había generalizado entre las trabajadoras textiles de Bombay.

La anemia era más frecuente en las poblaciones más pobres, por lo que Wills se dedicó a estudiar si los factores alimenticios tenían alguna incidencia. Descubrió que las dietas carentes de proteínas, frutas y verduras se relacionaban con una mayor probabilidad de que las mujeres padecieran anemia macrocítica (en la que los glóbulos rojos son más grandes de lo normal) en el embarazo.

Después del fracaso de un ensayo inicial de intervención nutricional que se concentró en las vitaminas A y C, Wills decidió investigar enfoques alternativos estudiando los efectos de los cambios en la alimentación de ratas albinas preñadas. Aquellas ratas que fueron alimentadas de la misma manera que las mujeres pobres de Bombay desarrollaron anemia y murieron antes de parir.

Wills descubrió que la anemia en las ratas podía prevenirse agregando levadura de cerveza a una alimentación que carecía de vitaminas del grupo B. Sin embargo, las ratas sufrieron una infección común y, preocupada por que esto pudiera estar enmascarando los resultados, Wills repitió la prueba en monos. Al usar un extracto de levadura untable que era y sigue siendo un alimento popular para el desayuno en el Reino Unido, Wills descubrió que podía replicar el éxito que había tenido con las ratas.

En los siguientes ensayos terapéuticos, se descubrió que el extracto de levadura servía tanto para prevenir como para curar la anemia macrocítica en las pacientes embarazadas de Bombay. Wills había hecho una observación clave: era necesario un factor nutricional específico para prevenir la anemia durante el embarazo. Se conoció como el "factor Wills" y fue el primer paso hacia el descubrimiento del ácido fólico.

De qué manera se hizo realidad el factor Wills

De regreso a Londres, Wills continuó trabajando en la prevención de la anemia en mujeres embarazadas mediante la intervención en la nutrición. Durante los años 30, Wills y sus colegas descubrieron que, junto con la levadura, el hígado contenía nutrientes que podían tratar muchas formas de anemia. Estos hallazgos ayudaron a acotar las vitaminas que eran tan eficaces en la prevención de la enfermedad.

El ácido fólico recibió ese nombre en 1941, cuando Herschel Mitchell pudo aislarlo con éxito de la espinaca. Dos años más tarde, el compuesto fue sintetizado por primera vez y, para 1945, este folato sintético se utilizaba para ayudar a tratar la anemia. El "factor Wills" se había convertido en un tratamiento.

Durante el resto de su vida, Wills trabajó para mejorar nuestra comprensión de la nutrición en el embarazo. Continuó viajando por el mundo, de Jamaica a Fiji, observando de qué manera la alimentación afectaba a las mujeres embarazadas.

Desde los descubrimientos de Lucy en Bombay, nuestra comprensión de la importancia del ácido fólico en el embarazo, junto con otros nutrientes como el hierro y las vitaminas B12 y B3, ha avanzado significativamente. Para principios de los años 80, el primer suplemento prenatal mutivitamínico con ácido fólico, Elevit Pronatal, probó con éxito en el marco de un ensayo clínico comparativo que esos nutrientes pueden ayudar a prevenir la primera aparición de los defectos del tubo neural.

En la actualidad, sabemos que la ingesta de nutrientes de una mujer es crucial para el desarrollo de su bebé y que mediante el refuerzo de la alimentación y los suplementos podemos reducir el riesgo de potenciales defectos congénitos. Y por eso, debemos agradecer el trabajo pionero de Lucy Wills.

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