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Leishmaniosis: una amenaza real para las mascotas y sus dueños

3 de marzo de 2019

Prevenir las picaduras de flebótomos es crucial para detener la propagación de la leishmaniosis, una enfermedad infecciosa que pueden contraer tanto las personas como sus mascotas.

En diferentes lugares del mundo, el flebótomo se conoce con una variedad de nombres curiosos: papalotilla, palomilla, jején, pringador. Estos diminutos insectos, que miden un cuarto de lo que mide un mosquito, se alimentan silenciosamente durante toda la noche. Es el motivo por el que en italiano se llaman pappataci, una combinación de las palabras "silencioso" y "alimento".

Aunque su picadura a menudo puede pasar inadvertida, su efecto puede ser mortal, tanto para las personas como para los animales.

Las hembras de flebótomo son las principales portadoras de la leishmaniosis, una enfermedad parasitaria que se encuentra en más de 90 países en el mundo y que puede devastar vidas.

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Parias parasitarios

Cuando los parásitos Leishmania ingresan al cuerpo del huésped, son reconocidos y atacados por sus células inmunitarias, pero sobreviven y se multiplican dentro de ellas, desarrollando mecanismos para evadir o controlar la respuesta inmunitaria. Si bien la mayoría de las personas y los animales infectados por estos parásitos no desarrollarán la enfermedad, aquellos que tienen sistemas inmunitarios más débiles pueden ser vulnerables a desarrollar una serie de síntomas, desde lesiones en la piel hasta insuficiencia orgánica potencialmente mortal.

En los seres humanos, existen tres tipos de leishmaniosis: visceral, cutánea y mucocutánea. La leishmaniosis visceral, también conocida como kala-azar, es la forma más grave de la enfermedad; se registran hasta 90.000 casos por año en todo el mundo, 30.000 de los cuales resultan mortales, principalmente en las partes más pobres del mundo.

Lo mismo sucede en los animales; dependiendo de la respuesta inmunitaria, la enfermedad puede causar lesiones en la piel, inflamación de los nódulos linfáticos, pérdida de peso y letargo, e incluso la muerte en caso de no ser tratada.

"Para cada enfermedad, sabemos que prevenir es mejor que curar. Pero esto vale especialmente para la leishmaniosis".

– Gaetano Oliva, profesor de Ciencias Clínicas Veterinarias de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Nápoles

Una enfermedad que afecta a los perros de manera desproporcionada

Uno de los principales reservorios para los parásitos Leishmania son los perros, así como otros cánidos salvajes, como zorros y lobos. La leishmaniosis canina se manifiesta en casi todos los continentes. No obstante, es un problema especialmente en América Latina y el sur de Europa, donde se calcula que 2,5 millones de perros están infectados con el parásito.

Además, se está extendiendo. El cambio climático combinado con un mayor movimiento de perros y personas afectadas ha generado un aumento de los casos de leishmaniosis en áreas que antes no presentaban la enfermedad. Con el aumento de la temperatura promedio, los flebótomos sobreviven en regiones más septentrionales y pueden alimentarse de portadores infectados.

En el sur de Italia, por ejemplo, hace tiempo que la enfermedad es endémica, pero ahora se ha extendido al norte. Esto significa que, para los veterinarios y los dueños de mascotas de todo el país, la leishmaniosis se ha vuelto una verdadera amenaza.

Entonces, ¿qué podemos hacer para proteger a nuestras mascotas y reducir el riesgo de infección tanto en perros como en personas en estas regiones?

Un veterinario en su consultorio, junto a un perro y su dueño preocupado

La importancia de la prevención

"Para cada enfermedad, sabemos que prevenir es mejor que curar. Pero esto vale especialmente para la leishmaniosis", explica Gaetano Oliva, profesor de Ciencias Clínicas Veterinarias de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Nápoles. "La mejor recomendación que puedo darle a los dueños es que traten a sus perros con productos que tengan un efecto repelente para evitar que los piquen. No solo a los perros sanos, sino también a los infectados o a aquellos que estén enfermos, porque son la fuente del parásito para los flebótomos".

Los repelentes generalmente son de aplicación tópica, como las pipetas spot-on o los collares. Contienen ingredientes activos que se extienden sobre la superficie del cuerpo a través de la capa lipídica de la piel. Como resultado, estos productos actúan sobre los flebótomos en cuanto estos entran en contacto con el animal, por lo que no llegan a picarlo. Algunos collares tienen el beneficio adicional de proporcionar una protección a largo plazo.

Estas medidas preventivas no solo son importantes para evitar las picaduras de flebótomos infectados, sino también las picaduras de pulgas y garrapatas, que no solo son molestas, sino que pueden transmitir otras enfermedades peligrosas, como la babesiosis y la erliquiosis caninas.

Por lo tanto, es esencial que quienes tienen mascotas sean conscientes de la necesidad de protegerlas continuamente a través de la prevención, por ejemplo, con productos repelentes. La buena noticia es que esto se hace cada vez más.

"La concientización entre los dueños de mascotas con respecto a la protección y a repeler parásitos externos, como pulgas, garrapatas y mosquitos, ha aumentado en los últimos años, mientras que los tratamientos disponibles se han diversificado mucho", comenta el Dr. Claudio Amore, director médico de la clínica veterinaria Amore en la provincia de Salerno, Italia.

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