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De la sanación a la medicina de precisión: la historia de la oncología

12 de febrero de 2019

El cáncer sigue siendo uno de nuestros mayores flagelos, y el modo en que le hemos dado batalla refleja lo lejos que ha llegado el conocimiento médico.

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El cáncer es la segunda causa principal de muerte en el mundo hoy en día, una enfermedad que afecta a más de 32 millones de personas a nivel mundial1 y que se prevé que aumente en hasta un 70% en los próximos 20 años2. Su insidioso aumento en el último siglo es el motivo por el que a menudo se considera como una enfermedad relativamente nueva. Un resultado de nuestro mundo industrial moderno.

Esto dista mucho de la realidad: científicos han hallado evidencia de cáncer de más de un millón de años. Un tumor hallado en el hueso del pie de un antiguo sudafricano resultó tener al menos 1,7 millones de años. Como dijo Siddhartha Mukherjee en su libro El emperador de todos los males: "La civilización no causó el cáncer, sino que, al extender la expectativa de vida humana, lo descubrió".

Y el modo en que hemos tratado la enfermedad ha cambiado radicalmente con el tiempo, evolucionando con nuestra comprensión de cómo funciona el cuerpo humano. La historia de la lucha contra el cáncer es la historia del empleo de los últimos avances médicos de cada época. Y ahora estamos ingresando en la que potencialmente podría ser la etapa más interesante de esta larga lucha.

Pero comencemos por el principio.

El cáncer en el mundo antiguo

El primer caso de cáncer se registró en el antiguo Egipto. Fue hallado en el Papiro Edwin Smith3, el documento médico más antiguo que se conoce en el mundo, que data del 1600 a. C. aproximadamente. Este documento contiene una referencia al cáncer de mama, en la que se describen tumores protuberantes como bolas en el pecho que resultaban fríos al tacto. En cuanto al tratamiento, los registros hablan de una especie de cerilla para quemar, o cauterizar, tumores no identificados.

Fue Hipócrates (460‐360 a. C.)4, el padre de la medicina, el primero en darles un nombre a estos tumores. Él utiliza la palabra karkinos (que en griego significa "cangrejo") para describir bultos ulcerosos que no sanan, y karkinoma para los tumores malignos. Se cree que este nombre deriva de la dureza de un bulto tumoral combinada con la inflamación de los vasos sanguíneos que lo rodean, que recuerdan las patas de un cangrejo.

Hipócrates creía que un desequilibrio en los cuatro fluidos o humores principales del cuerpo (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) era lo que causaba las enfermedades. En el caso del cáncer, lo atribuía a una concentración excesiva de bilis negra en la carne y recomendaba dieta, descanso y ejercicio para compensar este desequilibrio. Si esto no funcionaba, recomendaba purgas y, a veces, la cirugía, si el carcinoma no estaba demasiado "arraigado".

La teoría de la bilis negra de Hipócrates pasó de la antigua Grecia a la antigua Roma y a los escritos de quien probablemente sea su sucesor más conocido: Galeno de Pérgamo (129-216 d. C.)5. La clasificación de los tumores de Galeno y las que consideraba que eran las causas del cáncer influyeron en los médicos durante más de 1.500 años. Además, utilizó la palabra oncos (que en griego significa "masa" o "inflamación") para describir a los tumores, motivo por el cual llamamos "oncología" al estudio y tratamiento del cáncer.

"Los tumores abultados en forma de bolas en el pecho resultan fríos al tacto"

– Primer caso registrado de cáncer, Papiro Edwin Smith

De la Edad Media a la Edad Moderna

Después de la caída del Imperio Romano, muchas de las lecciones de Hipócrates y Galeno quedaron olvidadas con la medicina medieval, una mezcla de folklore local, herbología y dogmas religiosos que predicaban el uso de la sanación por fe y los milagros por sobre la cirugía.

Si bien la bilis negra seguía considerándose la causa primaria del cáncer, los tratamientos a menudo consistían en extraños brebajes. Desde ungüentos hechos con aceite de rana hasta pociones que contenían hierbas, cangrejo en polvo e incluso lengua de lobo.

Esto cambió con la llegada del Renacimiento y la invención de la imprenta de Gutenberg en 1450. Las grandes obras de la medicina de Grecia, Roma y Arabia ahora podían traducirse y distribuirse en toda Europa. Junto con las observaciones y los dibujos anatómicos detallados de Antonio Benivieni (1443-1502), Miguel Ángel (1475-1564) y Andreas Vesalius (1514-1564), estas obras ayudaron a transformar lo que sabemos de la anatomía humana y, de consecuencia, nuestro abordaje de la cirugía.

Para comienzos del siglo XVII, el "padre de la cirugía alemana", Wilhelm Fabricius6, había comenzado a publicar informes detallados de sus métodos, que incluían operaciones extensivas de cánceres. Y durante los siguientes 200 años, este enfoque clínico de la medicina se volvió cada vez más habitual. Atrás quedaron la teoría de la bilis negra y los cirujanos-barberos y en su lugar se instauraron la observación científica, los datos clínicos y los estudios de casos patológicos.

El siglo XIX fue la edad de oro de la cirugía, cuando la desinfección y la esterilización se volvieron cada vez más comunes y, en 1846, William Morton7 demostró con éxito el uso de la anestesia para la cirugía. Esto permitió que cirujanos pioneros, como William Halsted, realizaran cirugías cada vez más radicales de cánceres, como mastectomías, para evitar su propagación.

Al mismo tiempo, el estudio microscópico de los tumores nos ayudó a acercarnos cada vez más a la comprensión de los orígenes del cáncer. Científicos como Johannes Müller (1801-1858) y Robert Remak (1815-1865) observaron que el cáncer se componía de tipos particulares de células y que la metástasis se debía a la propagación de estas células.

Los cambios radicales del siglo XX

En noviembre de 1895, el profesor de física alemán Wilhelm Röntgen descubrió los rayos X. En cuestión de meses, los hospitales de todo el mundo comenzaron a comprar y utilizar el aparato de imágenes para realizar diagnósticos. Quienes lo utilizaron descubrieron que la radiación causada por estos rayos podía tratar varias afecciones cutáneas y, para la llegada del nuevo siglo, los rayos X ya se utilizaban cada vez más para tratar el cáncer8.

Había nacido la radioterapia como tratamiento para el cáncer. Sin embargo, los beneficios de esta técnica estaban siendo superados por los efectos secundarios: la radiación misma podía causar cáncer. En los cincuenta años siguientes, los científicos comenzaron a comprender la naturaleza de la radiación, su efecto sobre las células y el modo en que podía usarse de modo más seguro. Y para fines del siglo XX, los avances en la tecnología informática y la física de la radiación les habían permitido a los científicos mapear de modo preciso la ubicación y la forma de pequeños tumores para luego dirigir los rayos de radiación con mayor exactitud, alterando la intensidad y la dosis para obtener los mejores resultados. Además, hoy en día, se están desarrollando formas nuevas de fármacos emisores de radiación que pueden proporcionar radiación de alta energía hacia células cancerosas minimizando al mismo tiempo el daño al tejido circundante.

Junto con la cirugía y la radioterapia, el siglo XX se anotó otro punto en la batalla contra el cáncer: los medicamentos contra el cáncer, o la quimioterapia. La primera de estas fue la mostaza nitrogenada, más comúnmente conocida como gas mostaza, el gas tóxico utilizado con efectos devastadores en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército estadounidense descubrió que uno de los efectos principales en los soldados expuestos era una menor cantidad de glóbulos blancos (linfocitos)9. Mientras se buscaban medidas de protección, se descubrió que la mostaza nitrogenada era eficaz en el tratamiento del cáncer de nódulos linfáticos (linfoma), ya que atacaba esas células específicas.

Esto sirvió como modelo para los medicamentos de quimioterapia que se desarrollaron poco después. La carrera para desarrollar otras drogas que pudieran atacar células en diferentes fases del ciclo celular había comenzado. Debido a que las células cancerosas tienden a formar nuevas células más rápidamente que las células normales, los fármacos de quimioterapia son eficaces para detener la propagación del cáncer. Sin embargo, debido a que no pueden diferenciar entre células sanas y células cancerosas, pueden causar efectos secundarios importantes.

Este es el motivo por el que, en la segunda mitad del siglo XX, los oncólogos se concentraron en terapias adyuvantes, combinando tratamientos para eliminar el tumor y destruir al mismo tiempo las células cancerosas remanentes.

Tan solo en los últimos cinco años, se han desarrollado más de 70 nuevos tratamientos oncológicos para combatir los cánceres más agresivos.

Un futuro de precisión

Si bien la cirugía, la radiación y la quimioterapia siguen siendo las principales armas contra el cáncer, avances recientes en nuestros conocimientos de los impulsores moleculares del cáncer están transformando nuestro enfoque.

Ahora sabemos que existen tipos de cáncer altamente diferenciados (que abarcan cientos de tipos diferentes10) y que los efectos sobre cada paciente son diferentes y a menudo cambian en el curso de la enfermedad. En respuesta a esto, los investigadores están desarrollando un conjunto creciente de tratamientos capaces de atacar con mayor precisión un tumor específico en un paciente.

Tan solo en los últimos cinco años, se han desarrollado más de 70 nuevos tratamientos oncológicos11 para combatir los cánceres más agresivos. Desde la edición genética hasta la inmunoterapia, el futuro del tratamiento del cáncer se enfoca en encontrar una solución especializada para cada problema individual. Los días de purgas y pociones han quedado muy lejos.

Notas al pie

  1. More than 32 million people globally were living with cancer in 2012, The Cancer Atlas, http://canceratlas.cancer.org/the-burden/cancer-survivorship/
  2. Stewart, B. et al. World Cancer Report 2014, WHO, https://www.drugsandalcohol.ie/28525/1/World%20Cancer%20Report.pdf
  3. Breasted J. The Edwin Smith Surgical Papyrus, University of Chicago, https://oi.uchicago.edu/sites/oi.uchicago.edu/files/uploads/shared/docs…
  4. Tsoucalas G, et al. Hippocrates on nasal cancer, History of Oncology, University of Thessaly, https://pdfs.semanticscholar.org/5c46/05c9471d1b3ba1436e37771fa13a44d40…
  5. Papavramidou, N, et al. Ancient Greek and Greco–Roman Methods in Modern Surgical Treatment of Cancer, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2820670/
  6. The history of cancer in the College collections, Royal College of Physicians of Edinburgh, https://www.rcpe.ac.uk/heritage/history-cancer-college-collections
  7. History of Anesthesia, Wood Library-Museum of Anesthesiology, https://www.woodlibrarymuseum.org/history-of-anesthesia/
  8. Evolution of Cancer Treatments: Radiation, The American Cancer Society, https://www.cancer.org/cancer/cancer-basics/history-of-cancer/cancer-tr…
  9. Faguet G, A brief history of cancer, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/ijc.29134
  10. About rare cancers, Cancer Research UK, https://www.cancerresearchuk.org/about-cancer/rare-cancers/what-rare-ca…
  11. Aitken M, Global Oncology Trend Report (Outlook to 2020), IMS Institute for Healthcare Informatics, https://morningconsult.com/wp-content/uploads/2016/06/IMS-Institute-Glo…
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