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Christiane Nüsslein-Volhard: la científica que ayudó a decodificar el embrión

8 de febrero de 2019

Christiane Nüsslein-Volhard ha moldeado nuestra comprensión de las primeras etapas del desarrollo. Y ahora se encarga de apoyar a la nueva generación de grandes científicas.

La Drosophila Melanogaster, más conocida para todos como la mosca de la fruta, puede parecer un héroe improbable en la historia de la ciencia. Sin embargo, este pequeño insecto jugó un papel decisivo para ayudarnos a responder a las grandes preguntas sobre los comienzos de la vida y sobre el modo en que nos convertimos en lo que somos.

Si bien la mosca de la fruta tiene cuatro cromosomas, a diferencia de los 23 que tenemos los seres humanos, sus genes son sorprendentemente similares a los nuestros. Es posible encontrar secuencias de genes humanos que coinciden con genes equivalentes de la mosca. Por ejemplo, aproximadamente el 75% de los genes que pueden causar enfermedades hereditarias en los seres humanos también se encuentran en la Drosophila.

Las moscas de la fruta, además, se reproducen rápidamente y en abundancia —una mosca hembra se vuelve fértil aproximadamente 8 horas después de haber emergido del huevo— y puede poner alrededor de 2.000 huevos en su vida.

Todo esto las hace particularmente atractivas para los científicos que estudian el desarrollo embrionario. A Christiane Nüsslein-Volhard y Eric Wieschaus, la Drosophila les ayudó a hacer un descubrimiento extraordinario: que hay genes específicos que controlan el desarrollo del embrión de mosca en las primeras etapas y que lo mismo sucede en otros animales.

Infografía con datos sobre el uso científico de las moscas de la fruta
Infografía con datos sobre el uso científico de las moscas de la fruta

40.000 moscas y los genes que forman la vida

Nacida en Magdeburg, en Alemania del Este, Christiane Nüsslein-Volhard estudió Biología en la Universidad de Tübingen y obtuvo un doctorado en Bioquímica. En 1981, comenzó el proyecto que sería reconocido en todo el mundo: revelar los misterios del embrión. En particular, le interesaban los genes que controlan el proceso mediante el cual el embrión se forma y se desarrolla.

Para revelar estos misterios, Christiane Nüsslein-Volhard y su colega Eric Wieschaus recurrieron a la mosca de la fruta. A muchas moscas de la fruta. En total, criaron alrededor de 40.000 moscas. Los dos científicos desarrollaron un proceso de cribado genético que consistía en la mutación del genoma de la mosca de la fruta y la observación de cuáles de las mutaciones inducidas afectaban el desarrollo embrionario.

"Resultó ser que los genes que habíamos identificado en las moscas también jugaban un papel muy importante en los vertebrados".

– Christiane Nüsslein-Volhard

Este proceso les permitió identificar aquellos genes —que al final se redujeron a 120 genes esenciales— que controlaban directamente la formación de los embriones de Drosophila y, por extensión, los de otros organismos pluricelulares.

"Resultó ser que los genes que habíamos identificado en las moscas también jugaban un papel muy importante en los vertebrados. Este fue el verdadero avance que hizo posible que la investigación sobre las moscas tuviera un impacto en el desarrollo humano", explica Nüsslein-Volhard.

Su descubrimiento nos ha permitido comprender mucho mejor la genética del desarrollo. Y en 1995 les valió a Nüsslein-Volhard, a Wieschaus y a Edward B. Lewis (cuyo trabajo previo sobre las moscas de la fruta se utilizó como base para esta nueva investigación) el Premio Nobel en Fisiología o Medicina.

Christiane Nüsslein-Volhard observando un contenedor de laboratorio
Christiane Nüsslein-Volhard
momentum-photo.com/MPI für Entwicklungsbiologie Tübingen

Apoyo a las jóvenes científicas

Nüsslein-Volhard fue tan solo la sexta mujer en ganar el Premio Nobel, un reflejo no solo de la importancia del descubrimiento, sino también de la relativa escasez de mujeres en la ciencia durante la mayor parte del siglo.

"Cuando comencé mi carrera de científica en los años setenta y principios de los ochenta, la vida era muy diferente para las mujeres. Éramos una gran excepción", comenta Nüsslein-Volhard. "La gente no sabía cómo tratarnos. Esto complicaba la vida, porque el hecho de ser mujer era muy inusual".

Afortunadamente, los tiempos han cambiado. "La gente ya no sostiene que las mujeres son excepciones y que en principio no están preparadas para ser buenas científicas", dice. "En todos los campos hay mujeres que son al menos tan buenas como los mejores hombres. Ya no hay dudas de esto".

Sin embargo, siguen existiendo desafíos, especialmente para las mujeres que intentan compatibilizar una carrera científica con el cuidado de hijos pequeños. Teniendo en cuenta estos desafíos, Christiane fundó la CNV-Foundation en 2004, que otorga ayuda financiera a madres que están comenzando sus carreras en ciencias naturales para que puedan continuar con sus investigaciones.

"La idea de la fundación surgió al preguntarme el porqué del bajo porcentaje de mujeres en la ciencia y qué se podía hacer para mejorarlo. La diferencia más importante, por supuesto, entre hombres y mujeres es que las mujeres tienen hijos. Si se tiene una familia, se tiene menos tiempo para dedicar a la investigación. Es inevitable que esto requiera tiempo y energía".

Las beneficiarias de las becas se eligen exclusivamente por mérito científico. Nüsslein-Volhard explica: "Las elegimos sobre la base de sus logros, sobre la base de lo que nos cuentan acerca de su investigación. No es una empresa social. Está pensada para mujeres talentosas, para ayudarlas en sus carreras".

Esta pasión por el rigor y la excelencia en la ciencia se ha reflejado en toda la carrera de Nüsslein-Volhard. Desde su revolucionario descubrimiento sobre cómo nos desarrollamos, hasta su apoyo a la próxima generación de mujeres científicas.

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