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Héroes polinizadores: la importancia de las abejas para los cultivos

24 de junio de 2019

Las abejas no solo hacen miel. Hacen algo esencial para la diversidad de las plantas en el mundo: la polinización. Su preservación y la de su hábitat nos beneficia a todos.

El diverso mundo de las abejas

En cuestión de abejas, lo más común es pensar solo en las abejas de miel o melíferas. Es decir, un grupo de abejas que viven en una colmena, con una reina, zánganos y obreras que vuelan de flor en flor recolectando polen, haciendo miel y, de vez en cuando, picando a alguien con su antipático aguijón. Sin embargo, las abejas melíferas representan solo una pequeña parte de la población apícola. Y sus compañeras, las abejas silvestres, pueden ser de lo más variadas.

  • De hecho, existen más de 20.000 especies de abejas, más del 85% de las cuales son solitarias y no viven en colmenas.
  • El 80% de las especies de abejas silvestres anidan en túneles subterráneos u otras estructuras hechas de barro, resina de plantas, piedritas e incluso caparazones de caracoles. Algunas hasta viven en los nidos que abandonan los escarabajos.
  • Las abejas silvestres pueden ser muy selectivas en su alimentación. Con el tiempo y en distinta medida, se han adaptado a diferentes tipos de plantas, y algunas de ellas se alimentan exclusivamente de una planta específica.
  • La abeja más pequeña del mundo, la abeja Quasihesma australiana, mide solo 2 mm. La más grande, la abeja cortadora de hojas de Indonesia, puede medir hasta 4 cm, el tamaño de una nuez.

El poder de la polinización

La polinización —la transferencia del polen de las partes masculinas a las partes femeninas de una planta— es vital para la reproducción de las plantas, y el 90% de las plantas con flor reciben ayuda de algún tipo de especie animal polinizadora. En la agricultura, se calcula que aproximadamente un tercio del volumen total de los alimentos que se producen se benefician de la polinización animal.

Son muchos los animales que actúan como polinizadores, desde mamíferos como murciélagos y monos, hasta los colibríes e incluso algunos tipos de lagartijas. Pero los insectos son el principal grupo de polinizadores, siendo las abejas, por lejos, las mayores contribuyentes.

No obstante, no todas las especies de abejas son igualmente importantes para la polinización agrícola. De hecho, solo el 2% de las especies de abejas son responsables del 80% de la polinización de los cultivos. Y no todos los alimentos necesitan la polinización de insectos como las abejas. Sin embargo, sin su ayuda, nuestras dietas se volverían mucho menos ricas y variadas; la fruta, en particular, depende en gran medida de los polinizadores. Se calcula que, en total, el valor de los cultivos mundiales que dependen directamente de la polinización animal es de entre 236.000 y 577.000 millones de dólares anuales. Y las abejas son una parte esencial de esta ecuación.

¿Qué está pasando con la población apícola?

¿Las abejas están desapareciendo? En el caso de las abejas melíferas, el panorama general indica que no. Las colonias de abejas melíferas gestionadas han aumentado, de hecho, en un 65% a nivel mundial desde 1961.

Para las abejas silvestres, la situación es más complicada: distintas abejas silvestres tienen características biológicas y necesidades muy diferentes, lo que complica la evaluación de su desarrollo en general. Sin embargo, es una realidad que ciertos grupos de especies de abejas silvestres en regiones específicas están disminuyendo.

Y tanto las abejas silvestres como las abejas melíferas siguen enfrentándose a varios desafíos:

  • Plagas y enfermedades: El ácaro Varroa es el mayor enemigo de las abejas melíferas. Este se agarra a la abeja y le succiona la hemolinfa (el equivalente de la sangre en las abejas) y la grasa corporal, lo que debilita el sistema inmune de la abeja. Los ácaros Varroa también transmiten enfermedades virales a las abejas, que luego pueden contagiarse a toda la colonia. Las colonias, además, pueden verse afectadas y debilitadas por otras plagas y depredadores, como el avispón asiático, y enfermedades causadas por bacterias, hongos o virus. En este caso, los apicultores desempeñan un papel positivo, asegurándose de que sus colmenas estén sanas y ayudando a controlar plagas y depredadores.
  • Factores genéticos: Las abejas melíferas han sido cultivadas en las últimas décadas, seleccionadas por cualidades deseables, como menor agresión y mayores tasas de producción de miel. Sin embargo, esto ha reducido su diversidad genética, lo que las ha hecho más vulnerables a parásitos y enfermedades y ha debilitado a las abejas reinas.
  • Falta de nutrición y hábitat: Los paisajes modernos no cuentan con las flores perennes que las abejas melíferas necesitan ni con las plantas entre las que las abejas silvestres buscan alimento y los hábitats en los que anidan.
  • Condiciones climáticas adversas: Las condiciones climáticas desfavorables, como las primaveras demasiado frías, pueden interrumpir la recolección de néctar y polen, lo que daña a las colonias de abejas melíferas y sus crías.
  • Prácticas agronómicas: Los métodos de cultivo cada vez más intensivos han afectado los hábitats de las abejas silvestres y el alimento disponible para ellas. El mal uso de los pesticidas también afecta a las abejas.

El regreso de las abejas a los campos

Una posible contribución que podrían hacer los agricultores para ayudar a mejorar el bienestar de las abejas y otros insectos silvestres es colaborar con el desarrollo de hábitats favorables para los insectos, como bandas florales y lugares de anidación. El Bee Care Science Program de Bayer, en colaboración con el Instituto para la Agroecología y la Biodiversidad, y el Instituto para la Ecología del Paisaje y la Conservación de la Naturaleza, se ha abocado a poner esto en práctica.

Durante un período de diez años, en varios lugares de Rheinmünster y Dettenheim, en el valle superior del Rin en Alemania, se ha desarrollado un programa para crear y sostener una red de bandas y corredores de flores silvestres que ocupa un 10% de los terrenos de los agricultores. El proyecto de conservación tiene como objetivo promover la diversidad y la abundancia de especies de abejas silvestres y mariposas.

Los resultados del proyecto son muy alentadores. En el período comprendido entre 2010 y 2017, la cantidad de especies de abejas silvestres registradas en el lugar aumentó de 8 a 30 y 49 especies respectivamente en cada uno de los sitios del proyecto.

Se halló que la diversidad de las flores era la clave del éxito. Las parcelas de flores perennes y resistentes al frío son una fuente importante de alimento para los insectos. La siembra de una amplia variedad de tipos de flores fue particularmente eficaz para atraer a abejas silvestres y mariposas.

Los conocimientos adquiridos por los agricultores a través del proyecto podrían ayudarlos a mejorar tanto la conservación como la producción de cultivos. Y ayudar a que las abejas regresen a los campos.

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